Los datos, la otra batalla de las elecciones presidenciales de Estados Unidos

Los americanos cambiaron la forma de hacer campaña y siempre fueron los más innovadores en este arte del marketing político. Primero fueron los mítines con los altavoces de radio y le siguieron los carteles electorales, el merchandising o las campañas vehiculadas en redes sociales. Hasta que llegó el verdadero cambio: el Big Data.



Uno de los motivos que explicaron la reelección de Obama en 2012 fue la gestión exitosa del Big Data que llevó a cabo. La campaña de Obama creó unos modelos de predicción gracias al análisis massivo de datos, denominados “Programas experimentales informados” o EIP por sus siglas en inglés, con los que tenía la capacidad de determinar la eficacia de los mensajes en la opinión pública para movilizar a los votantes.



De este modo, el equipo de Big Data de Obama descubrió que los votantes entre 45 y 65 años tenían más probabilidades de cambiar su opinión sobre los candidatos después de escuchar los argumentos de Obama sobre Medicare -el programa de sanidad gratuito que proponía el candidato demócrata- que los mayores de 65 años, que eran realmente los que se iban a ver beneficiados por el programa.



A través de este método experimental y gracias a las conclusiones que extraían del uso de estas técnicas, el equipo de datos de Obama tenía la capacidad de identificar los atributos clave de los votantes. Además de este modelo de predicción, crearon otro de persuasión, con el que clasificaban a los votantes en una escala del 0 al 10, que categorizaba a los votantes que podían acabar votando a Obama después de tan solo una interacción involuntaria. Eso permitió llevar a cabo una campaña nacional vehiculada como una elección de barrio local, donde se conocían y abordaban los intereses de los votantes de forma individualizada.



En 2016, en cambio, Trump ganó la batalla digital al contar con una estrategia de anuncios personalizados en redes sociales como Facebook. 2020, a parte de ser año electoral para la presidencia norteamericana, será también una contienda en la que se volverá a luchar por contar con la mejor estrategia de Big Data.



A 216 días, 12 horas y 25 minutos de que se celebren las elecciones presidenciales de EEUU, una de las más importantes en su historia, el Partido Republicano y el Partido Demócrata ya han dejado entrever cuáles son sus apuestas en cuanto al uso de datos masivos.



Democratic Data Exchange, la punta de lanza de los demócratas para ganar a Trump

Los demócratas se dieron cuenta de que uno de los aspectos en los que perdieron la elección de 2016, fue en el relativo a la ciencia de datos. Cuatro años después, no quieren que vuelva a ocurrir lo mismo y han creado su propio banco central de datos para la elección presidencial de 2020: el Democratic Data Exchange, que permitirá unificar la información de todas y cada una de las campañas que llevan a cabo en ciudades, condados y estados.



La herramienta permitirá que el partido nacional, los partidos estatales y los grupos de acción política independientes de la izquierda compartan los datos de los votantes en tiempo real durante las campañas. De esta manera, un trabajador de campaña en el terreno para la elección estatal de Iowa y otro que se dedique al puerta a puerta en Florida podrán compartir y actualizar la información que han recabado en el archivo central de Big Data del partido, de forma instantánea y mientras sigue trabajando.



Así, se puede mejorar la precisión a la hora de elaborar los perfiles de los votantes. Además, gracias a Democratic Data Exchange, el contacto de los votantes, los datos digitales, las apariciones en medios, las encuestas preexistentes y cualquier otro conjunto de datos se pueden compartir de manera casi instantánea.



La ventaja que tiene este sistema es que las aportaciones de datos serán anónimas. Es decir, cualquier persona que tenga acceso a la plataforma y esté vinculado al Partido Demócrata puede colgar datos, pero nadie sabrá que ha sido él o ella.  Así prevalecerá el anonimato de los contribuyentes de Big Data y se evitarán, así, disputas legales o polémicas sobre la invasión de la intimidad.



Proyecto Alamo y Data Trust, las armas de Trump para la reelección

¿Qué podemos esperar de la estrategia de datos de Trump para las elecciones del 3 de noviembre? En 2016, el proyecto de datos en campaña de la candidatura del ahora presidente de los EEUU, denominado Proyecto Alamo, centró sus esfuerzos en crear una técnica de modelo psicográfico.



Un modelo psicográfico no es más que una técnica que te permite segmentar votantes de una forma diferente a la tradicional, sin tener en cuenta sus valores políticos y económicos y centrando toda la atención en su estilo de vida, sentimientos, intereses, deseos, ambiciones o su personalidad.



La segmentación psicográfica tiene en cuenta un lado más humano, emocional y personal  del individuo. La principal utilidad que tiene este modelo es que permite llegar al votante potencial de forma más próxima, llegando a conocer aquel motivo o motivos que pueden provocar que vote a uno u otro candidato. Se trata de una técnica útil para estrategias que se dirigen a un grupo reducido, pero certero, de personas, y facilita la identificación de oportunidades en un público específico.



Junto a este modelo psicográfico, el Partido Republicano utilizó el Data Trust: una organización empresarial de datos, vinculada al conservadurismo americano, que asegura tener registros de datos de 260 millones de estadounidenses en los 50 estados, que se actualizan diariamente. De hecho, sostienen que el inventario de datos políticos con el que cuentan combina una serie histórica de resultados de elecciones, registros de votantes, proyectos de puntuación de votantes, datos del censo, así como recopilación de listas de votantes y clasificaciones de votantes contactado. En definitiva, el Partido Republicano, podría volver a combinar su modelo psicográfico con el archivo de votantes de Data Trust para mantenerse en la Casa Blanca.



Sea como sea, queda claro que los líderes políticos conocen las ventajas que aporta el Big Data en el conocimiento de sus votantes y en la definición de las estrategias que les llevaran al frente del gobierno de los Estados Unidos.